
Alguien tiene que
levantarla.
Esto va a incluir caídas. Muchas. Esa parte también estará en el montaje.
No desaparecer.
Prepararme.
Existe una versión de esta historia en la que alguien lo vende todo, deja su trabajo y desaparece hacia el este. Esa historia ya se ha contado muy bien, y no es la mía.
Soy Ferdi. Soy holandés, vivo en Madrid y trabajo haciendo cine y pilotando drones. En algún momento, la idea de viajar en moto hasta Mongolia dejó de ser algo que decía durante la cena y se convirtió en una fecha en el calendario.
Me he dado hasta dos años. No para desaparecer, sino para prepararme: aprender a contar una historia ante la cámara, recorrer España y después ir más lejos, y descubrir qué falla primero: la moto, el plan o yo.
Esta web es el registro de ese proceso. Con el tiempo habrá mucho más. Por ahora es, sobre todo, una promesa con una fecha límite.
No colecciono destinos.
Sigo una pregunta.
¿Qué queda de una civilización cuando desaparecen sus fronteras, sus gobernantes y casi todos sus nombres?
La línea entre Madrid y Mongolia atraviesa territorios romanos, bizantinos, persas, timúridas y mongoles. No pretende convertir veinte siglos en una explicación fácil. Sirve para unir lugares que normalmente aparecen separados en libros, vitrinas y mapas. La moto obliga a sentir la distancia entre ellos: el calor, la altura, el tiempo y todo el terreno que una cronología limpia deja fuera.
Por eso Mongolia es la Temporada 01 y la primera gran expedición, no un final. La Temporada 00 ocurre antes, principalmente en España: aprender, verificar la moto y construir una forma honesta de filmar el camino.
La cámara también
tiene que ganarse el viaje.
Mi trabajo diario está detrás de una cámara y de los controles de un dron. Dust Pilgrim utiliza ese oficio, pero no será una sucesión de postales bonitas.
Cada película comienza con investigación, una pregunta concreta y una ruta que pueda sostenerla visualmente. En el campo importan el sonido natural, el clima real y las decisiones que salen mal. El dron muestra escala cuando aporta contexto; no sustituye una historia. La narración distingue lo que está documentado, lo que sigue discutido y lo que solo es una hipótesis atractiva.
Autores como Graham Hancock forman parte de la curiosidad que encendió el proyecto, no de su estándar de prueba. Una idea alternativa puede ser interesante y aun así necesitar una etiqueta clara. Cuando la arqueología publicada contradice una afirmación, esa tensión pertenece a la película.
Los fallos no se
quedan fuera.
Una expedición creíble empieza mucho antes de la primera frontera.
La Honda Dominator se mantiene y modifica paso a paso. Una pieza que parece perfecta pero falla en carretera no desaparece del montaje. Lo mismo ocurre con una ruta mal elegida, un sonido deficiente, una caída o una historia que, después de investigar, resulta menos espectacular de lo esperado.
El diario de campo, el estado del proyecto y el mapa hacen visible ese proceso desde el día cero. No muestran solo adónde quiero ir, sino qué está confirmado y qué sigue siendo un plan. Así, más adelante, cualquiera podrá ver cómo una gran expedición nació de pasos pequeños y verificables.